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La talla de
Nuestro Padre Jesús del Rescate
C uando
termina la Semana Santa de 1953, la Hermandad del Rescate se dispone a
realizar un grupo escultórico que acompañe a Jesús del Recate, como
sucedía en los años veinte. Para ello envían carta a tres artistas de
renombre: Ortega Brú, Navas Parejo y Castillo Lastrucci, decidiéndose por
este último. En principio, en el ánimo de los dirigentes no estaba cambiar
la talla de Jesús del Rescate.
A principios de 1954 Antonio Castillo comunica que
tiene realizadas las figuras de San Pedro, un sayón y un soldado; los
dirigentes de entonces se dan cuenta de la enorme diferencia de calidad
entre estas y la imagen de Campos Serrano. Sabían que era muy tarde para
pedirle a Castillo Lastrucci que hiciera una tallla de Jesús del Rescate,
pero insistieron. Primero lo hicieron telefónicamente y luego enviaron un
escrito "para ratificarle de una manera expresa y documentativa, la
conformidad que nos confeccione la Imagen del Señor, tal como ya la talló
para el "Paso del Prendimiento" de esa capital, perteneciente a la
Cofradía denominada o conocida por la de los Panaderos…" La hermandad
le manifiesta su eterno agradecimiento y establece que le dará 2000
pesetas "como primera entrega para el abono de la del Señor, quedando
el resto de 8000 pesetas, a satisfacer por mensualidades…", y para ir
adelantando camino, se le envió la túnica del Cristo para que fuese
adaptada a la nueva imagen en Casa Caro; también que pidiese presupuesto
para las vestimentas del romano y de San Pedro.
Por tanto, esta talla de Jesús del Rescate la realizó
Castillo Lastrucci en 1954, siguiendo las instrucciones de la Hermandad y
según el modelo que el autor había realizado ya para la Hermandad de los
Panaderos de Sevilla. Sin embargo, es algo más alta y no presenta una
inclinación tan acusada hacia adelante. Su rostro ovalado alberga
facciones de corte clásico, ojos grandes y melancólicos, frente despejada
y boca entreabierta con labios algo pequeños. La cabellera se halla
cuidadosamente dividida en dos mitades simétricas. Su tratamiento combina
las incisiones que marcan el curso de las fibras capilares con los
volúmenes redondeados que dan corporeidad a los distintos rizos y
mechones, contraste que se repite en la talla del bigote y la barba.
La advocación
del Rescate
El origen de la
advocación de Jesús del Rescate hay que buscarlo en el rescate de cautivos
e imágenes que hicieron los Trinitarios Descalzos en 1682. En esa
redención de los moros se rescató "una hechura de Jesús Nazareno, de
natural estatura, muy hermosa, con las manos cruzadas adelante". Dicha
imagen fue llevada a Madrid por los PP. Trinitarios Descalzos, dejando por
cuantos lugares pasaba una importante devoción hacia Ella. En la fundación
malagueña del Conventico en 1715, encontramos que en el altar derecho del
crucero se colocó "una Imagen de Jesús Nazareno Cautivo y Rescatado de
estatura natural, a imitación de la que venera la Corte en nuestro
Convento de Madrid", es decir, con manos atadas adelante y el
escapulario trinitario en el pecho.
Después de la desamortización de Mendizábal de 1835,
el pueblo suplantó el título del Rescate o Rescatado por el de Medinaceli
durante el patronazgo de la Casa Ducal ante el importante aumento del
besapié el primer viernes de marzo. Así, desde entonces Jesús Rescatado o
del Rescate y el Cristo de Medinaceli se identifican.
En Málaga, la Hermandad del Rescate se fundó a finales
del siglo XVII en el Conventico, bajo los auspicios de los trinitarios.
Después de pasar por las iglesias de San Juan y Santo Domingo, dejó de
existir en los años treinta. En 1949 se reorganizó en la Capilla de calle
Agua, donde se encuentra en la actualidad. Desde 1982 se trata de
recuperar la tradición de la festividad de MEDINACELI que legítimamente
nos corresponde, aunque desde 1940 se mantiene en la Parroquia de
Santiago.
Se celebra besapié al Cristo del
Rescate o Medinaceli el primer viernes de marzo, así como la costumbre de
depositar dicho día en su cepillo tres monedas, en recuerdo de las monedas
de oro que, según la leyenda, equilibraron la balanza en la que el rey
moro había puesto la imagen del Nazareno con el afán de conseguir su peso
en oro.
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