El
24 de Junio de 1954 se escribe una carta a Castillo Lastrucci con la
intención en firme de realizar una talla de su Titular, así como las
condiciones que "podría otorgar a un Hermano de esta Cofradía que
piensa realizar la donación de la Imagen de la Santísima Virgen de Gracia.
Desde luego y como quiero recordar manifesté a su hijo en mi última visita
a ésa, este Hermano tiene vivo deseo de que la Imagen fuese de talla total
y basada en la Dolorosa de Salzillo". En varias ocasiones insistió la
Hermandad a Antonio Castillo para que hiciese a la virgen, pero éste daba
largas por el mucho trabajo que tenía.
Pasada la Semana Santa de 1956 le hicieron saber a
Castillo Lastrucci que "como todavía nos dura la euforia propia de
estos menesteres cofradieros, hemos decidido que el próximo año sea
procesionada la Sagrada Imagen de María Santísima de Gracia, por lo cual,
vuelvo a rogarle colabore con nosotros en dicho propósito,
confeccionándonos la referida Imagen conforme tenemos ya acordado".
Haciendo un gran esfuerzo, Antonio Castillo accedió a
los deseos de la Hermandad que por fin pudo bendecir a su nueva Titular el
9 de Diciembre de 1956 en la Capilla del Hospital Militar. Y a partir de
ahora, además de la Cofradía del gran grupo escultórico, sería conocida
como la de la Virgen sin corona, la de la mirada hacia el cielo y su
mechón de pelo sobre el hombro...
Las inclemencias del tiempo, el humo y el polvo que
debía soportar en su Capilla produjo en la talla abundantes desperfectos.
Así, en 1983 Luis Álvarez Duarte acomete la restauración, pero se
convirtió en "un proceso de renovación integral de la mascarilla y
manos, que han revertido en la llamativa y novedosa belleza de la actual
Virgen de Gracia". Efectivamente, el trabajo de Luis
Álvarez Duarte estilizó sus cejas, perfiló su nariz, enfatizó su boca,
pronunció suavemente sus pómulos, exageró las marcas el cuello y recortó
todo su cabello -lo que sin duda agradó a sus Camareras-, produciendo una
belleza casi perfecta en su cara.
En 2004, la
restauradora Beatriz Prado ha sometido a la talla a un proceso de
restauración.
La
advocación de Gracia
En 1599, San
Juan Bautista de la Concepción, recibió autorización papal para organizar
la rama de los Trinitarios Descalzos. Desde sus inicios la devoción hacia
la Virgen de Gracia ha estado permanentemente ligada a los Trinitarios
Descalzos españoles.
Esta devoción por la Virgen de Gracia se remonta a la
fundación del convento trinitario de Granada en 1612. Al año siguiente
recibieron la donación de una virgen para su culto, pero no contentos con
ella por aparentar características lusitanas decidieron realizar una nueva
talla “de limosna” (con aportaciones del pueblo) más acorde con el uso de
la zona. Cuando la tuvieron en su poder debían decidir su nombre, pero
como no se ponían de acuerdo los religiosos del convento, optaron por
escribir en un papel las opiniones de todos los religiosos; el elegido
decía “NUESTRA SEÑORA DE GRACIA”. Desde ese mismo momento el convento tomó
el mismo nombre.
La devoción por la Virgen de Gracia se
extendió rápidamente por todos los conventos e iglesias que los
Trinitarios Descalzos fundaban, tales como Córdoba (1607), Alcázar de San
Juan (1636), Antequera (1636), Ceuta (1681)... En Málaga (1654), tanto la
iglesia provisional como la edificación definitiva (1715), El Conventico,
estuvieron dedicados a la Virgen de Gracia.