Como es tradicional, en plena Cuaresma, se realiza la cruceta, donde el
alzacable se convierte en un enser imprescindible y se plantea como una
apuesta decidida de la Hermandad por un mejor recorrido procesional,
detectando, con suficiente antelación, cualquier incidencia que pueda
influir posteriormente en el desarrollo de la salida procesional. Al
mismo tiempo, se convierte en un acto de convivencia entre los hermanos,
aligerando cargas y permitiendo unos momentos de relajación en el seno
de una apretada agenda cuaresmera.