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El Rescate
con los cinco sentidos
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Cuando hablamos de la Hermandad del Rescate inmediatamente nos asalta a la cabeza la cantidad de colores que pone en escena cada martes Santo. El Rescate es una riada de color que inunda Málaga cada Martes Santo. Rojo burdeos de tu sangre derramada y la de tantos trinitarios que dieron su vida por el rescate de los cautivos. Morado del dolor que padeciste y del sufrimiento de tu Madre. Oro del sol y de la luz, del bordado y del cíngulo que ata tus manos. Ceniza de conversión, de rescate permanente de tinieblas.
Por circunstancias de la vida y siempre dentro de ese diálogo interior, íntimo y sincero, que todos alguna vez hemos tenido con Aquel que todo lo puede, llegué a un compromiso con Jesús del Rescate. No viene al caso argumentar en qué consistió, pero lo cierto es que durante estas dos últimas salidas procesionales mis ojos sólo verían el negro. ¡Qué iluso!. Detrás de Jesús del Rescate me dispuse acompañado de mi mejor lazarillo. En esta situación presumía que no participaría de aquello que llamamos "nuestro día grande". Momentos antes de salir, igual que durante toda la Cuaresma, sentía envidia de todos y cada uno de los hermanos del Rescate. Yo quería ser todos a la vez, ir en todos los puestos, pero en el fondo sabía que no sería nada. Quería estar al loro del protocolo y llevar y guiar a los invitados puntualmente a su sitio. Sentía envidia de los campanilleros que con sus sones marcan la pauta de la marcha. Tocar las campanas de los tronos y sentir cómo falta la respiración con el capirote cuando te tapan la boca, al tiempo que la capa te impide el movimiento rápido alrededor de los varales. Ansiaba sentir el dolor del hombro para subir hasta el cielo por los que luchamos todo nuestra vida. Añoraba ser penitente de vela para alumbrar el camino y ser la fe de nuestra existencia. En fin, quería ser todos a la vez y … no salía en ningún sitio. Con la más absoluta oscuridad por horizonte, los demás sentidos amplificaron su potencial porque me resistía a ser una promesa paciente. Tacto, oído y olfato generaron en mí nuevas formas de sentir la procesión. Mi lazarillo me dijo en cierta ocasión que iba tenso en la procesión. No era cierto, sólo que según me emocionaba apretaba y según bajaba la excitación disminuía la presión. Efectivamente, aunque parezca mentira el tacto es importante durante la procesión porque a través de él puedes tener experiencias maravillosas. Con los pies puedes saber casi sin equivocarte por dónde caminas. Calle Victoria abajo notas las inclinaciones de la calzada hacia los laterales, como cuando el trono se va a derecha o izquierda según esté más o menos centrado. Notas los adoquines de la Plaza de la Merced que te obligan a arrastrar los pies para no tropezar. Inclinas el cuerpo hacia atrás en la bajada hacia calle Carretería. Temes tropezar con las latas de la Plaza Uncibay. Agudizas el paso que teme encontrarse con los miles de pies que acompañan a los Titulares hacia su encierro de calle Agua. Pero jamás pude imaginar cómo unas manos "recias", fuertes y robustas pudieran transmitir tanta pasión, entusiasmo y sentimiento como aquellas que tocaron las mías para decirme, mejor transmitirme, que María Santísima de Gracia podía ver a su Hijo en calle Álamos; de cómo las manos ya veteranas de otra penitente se alegraban de acompañarme y ofrecía su hombro para saltear al gentío en calle de la Victoria. El olfato, en menor medida, también participa de la procesión. Para empezar, respiras frescura cuando sales de la Casa-Hermandad. El incienso penetra de vez en cuando por la pituitaria y te alerta de que estás detrás de Jesús del Rescate. El olor marino se percibe por el Pasillo Santa Isabel, mientras que por calle Victoria se siente el olor humano de las numerosas personas que se aglomeran para acompañar a nuestros Titulares en sus últimos metros. Por otro lado, es una maravilla auditiva y un privilegio ir durante todo el recorrido escuchando hermosas marchas procesionales dedicadas a Jesús del Rescate, sólo para Él. La intranquilidad del público de calle Agua da paso a sonidos más tranquilos por calle Victoria. Se nota la expectación y la algarabía del público apostado en la Tribuna de los Pobres, los sonidos lejanos en los laterales del río y el bullicio de la Alameda y calle Larios. Los sonidos se convierten en heterogéneos por Calderería y Plaza Uncibay. En la Plaza de la Merced no puedo dejar de agudizar el oído para localizar a María Santísima de Gracia, mi Virgen, mi pasión, a través del toque de campana certero del mayordomo, del tintineo de las campanillas, del singular sonido de las barras de palio… Y un escalofrío recorre mi espalda porque ya estoy junto a Ella. La procesión inició su marcha con todos dispuestos en su sitio, el lugar que para vosotros eligió la Hermandad ... Jesús del Rescate y María Santísima de Gracia regresaron de la mano al Faro de la Victoria. Sólo al final pude veros las caras de satisfacción y alegría; entonces pude enorgullecerme aún más de ser del Rescate. Que no cambie la Hermandad, que mantenga intacto nuestro espíritu "rescatero".
A todos los hermanos del Rescate José Manuel Luque Jaime
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